Esta es una historia de horror más que de terror. Juliana, una mujer introvertida pero decidida, una combinación difícil de descifrar; en un arranque de su vida, ya que ha pasado mucho tiempo esperando a su príncipe azul, decide hacer un viaje sola a Europa, convencida de que ya no encontrará con quién hacerlo (su forever) y finalmente necesita tiempo para sí.
Su primer destino ¡Ámsterdam! ¡Ámsterdam si lo escucharon bien! Ámsterdam y sola, uno piensa y dice: «la perdición», pero ella no va por drogas ni alcohol y menos por sexo, recuerden que también es una ciudad cultural y siempre le ha parecido (en fotos) una de las más hermosas ciudades de Europa. Antes de irse, consulta con sus amigos que han viajado a dicho país cuál es la mejor manera de hacerlo, que sea económico pues su presupuesto es muy ajustado; la recomendación de uno de sus amigos es Couchsurfing, una aplicación donde existen varios hosters que deciden recibir extranjeros en sus casas sin cobro alguno, solo con el fin de intercambiar temas culturales y costumbres; a Juli le pareció de lo mejor, sin pagar un peso, solo llevar una buena actitud; hizo el filtro y encontró al hoster ideal, un hombre joven que escribía bien el inglés y lucía decente en su perfil, pero antes, ambos lados realizan un examen del perfil de su invitado como del anfitrión; su hoster Paul en su Facebook se veía como un hombre común sin ningún tipo de locura, con varios comentarios positivos de sus huéspedes, lo cual le dio seguridad a Juli de que no iba a parar en la casa de un loco; además, le ofrecía una habitación aparte para ella.
El vuelo de Juli hace escala en Madrid, al llegar se conecta al wifi del aeropuerto y encuentra un mensaje de su hoster Paul donde le dice que no la va a poder recibir. Pero que igual le recomienda otro hoster amigo de él que no tiene ningún problema en hospedarla, de hecho él tiene otras dos turistas, una de Canadá y otra de Portugal en su apartamento, a lo que Juli no ve nada de malo.
Al llegar a Ámsterdam la recibe un viejito gruñón con un perro, un tipo que todo el tiempo habla en su idioma y fuma un cigarrillo tras otro. Cuando llegaron al apartamento aún no habían llegado las dos huéspedes, así que Juli decide irse a recorrer la ciudad y dejar al viejito gruñón, es mejor regresar en la noche que este calmado y poder hablar con las otras dos turistas.
Su primer destino fue ir a conocer la casa de Ana Frank, y al terminar el recorrido, se encuentra con un sentimiento de terror y miedo por las atrocidades de la época; tanto la casa como las historias son aterradoras, una energía nada agradable de recordar y más cuando fue una historia de verdad.
En la noche llega al apartamento, y se encuentra a la niña de Portugal; su inglés no era muy bueno y el viejito estaba enojado al no poder hablar con ella; sentado en el sillón de la sala donde iban a dormir fumaba un cigarrillo tras otro, ¡qué cosa más horrible! Pensaba Juli. Al acostarse y apagar las luces, la canadiense no había llegado, el señor entraba a la sala, prendía las luces y se sentaba a fumar mientras las veía dormir; Juli disimulaba estar dormida, pero su miedo comenzó a crecer, metida debajo de las cobijas oliendo como fuma en la misma habitación sentado en el sillón al lado de sus colchonetas; no paraba de pensar en lo que le había pasado a Ana Frank, y que quizás este tipo era un nazi que odiaba a los extranjeros, yo latina, y la otra portuguesa, ¡ayyy Dios mío vamos a morir!; de repente escucha que sale nuevamente de la sala y apaga las luces; ella aprovecha para tomar el celular y dejar un mensaje a sus amigas, «niñas si muero hoy es mi último día, adiós mundo cruel». Típico dramatismo de Juliana, todas angustiadas escriben: «Juli, ¿Qué paso?, ¿Dónde estas?». Ella resume la historia de lo que sucede y lo que cree que va a suceder; solo llora debajo de las cobijas y suda, no se atreve a sacar la cabeza pensando que ese hombre está afuera afilando el cuchillo para descuartizarlas; mientras a su lado su compañera portuguesa ronca como si nada, ¡quién fuera ella para dormir así! Cuando menos piensa, escucha la puerta de la entrada, es la canadiense, sale el señor, la recibe y comienzan a discutir en inglés; logra oír que él le reclama por la hora, diciéndole que su casa no era un burdel ni que Ámsterdam era la ciudad para drogarse como lo hacen muchos extranjeros, ella pelea y recoge sus maletas y se va; el alma le vuelve al cuerpo a Juli, comprende que el tipo estaba esperando a la otra huésped y por eso su enojo, aun así Juli decide al otro día dar las gracias y pagar un hotel, para eso existe la Mastercard pues más que nada necesita sentir que duerme con seguridad.