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¿Cómo así que el budista no budista? Pues sí, este caballero al que llamaremos el falso budista es un hombre demasiado inteligente. A sus 30 años ya sabía hablar 5 idiomas y había recorrido el mundo durante 3 años sabáticos, concentrándose más en Asia, porque a pesar de ser un hombre de alta inteligencia, aún no encontraba la tranquilidad en su ser y necesitaba buscarla en algún lugar, y qué mejor lugar que internándose durante un tiempo en un templo budista.

Cuando regresa a su ciudad, vuelve a la vida cotidiana: al trabajo, a las responsabilidades, al día a día; y aunque trata de mantener su conexión con su yo interior, todo lo que lo rodea hace que lo vuelva a olvidar. Por eso, por más que intentes, debes dejar de intentarlo. Nada mejor que lo que se da con naturalidad, pues si te pido que no pienses en el elefante blanco, lo primero que atraerás a tu mente es el elefante blanco.

El falso budista comienza nuevamente a regocijarse en los placeres de la vida, y dentro de esos placeres conoce a Lorena, una mujer morena de ojos grandes y color negro y un cuerpo excepcional. Él cae loco, presa del deseo, comienza la aventura de estos dos seres; él olvidando su conexión con el espíritu y ella creyendo que la amaba por su alma y su ser.

Su relación se convirtió en una relación de solo cama. ¿Y por qué no, si se entendían a la perfección? Pero él no quería salir de ahí, y ella ya se sentía angustiada de que fuera solo en eso en lo que se centraran. Pero estaba tan encantada con sus historias de los 3 años recorriendo el mundo, y ella, que nunca había salido de su ciudad, se dejaba transportar. Pero lo que más añoraba era la paz, pues veía en sus ojos un brillo único que deseaba tener; ella pensaba que eso era lo que le faltaba, y él se lo podía proporcionar. Un poco de ese conocimiento le haría a ella mucho bien, pues creía que su vida era un caos; pero su vida se convirtió en un caos con él, pues al salir de la casa después de haberla amado, no devolvía sus mensajes ni llamadas, y cuando regresaba era solo para volver a saciar su sed de deseo carnal.

Ya triste y angustiada, pidió un poco de comprensión de su situación, pues no quería estar oculta solo debajo de las sábanas con él. Pero a él eso no le gustó, dejándola de un momento a otro como si no hubiera importado. Y fue ahí donde ella comenzó a descubrir que si un hombre tiene realmente paz interior y amor en su ser, no tendría por qué estar buscando satisfacer el deseo sin amor; comprendió que valía más ella que, sin haber recorrido el mundo ni estado en un templo budista, amaba más la vida que el falso budista.

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