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Esta es la historia de Camila, soltera, pensando que quizás está buscando mal, o como dicen varios personajes en la vida: «el que muestra el hambre no come», o «deja de buscar, que cuando menos piensas, llega»; en fin, todo es una excusa para no llenarse la cabeza del por qué está sola.

Decide arriesgarse con el famoso Tinder, ¡y adivinen! Le sale un extranjero; «oye, ¿tú me gustas?»; esas palabras en otro acento suenan mejor, ¿por qué no darle una oportunidad a un hombre de otro país, ya que no ha tenido fortuna con los del suyo?

Le da aceptar y él también; coinciden en el match, comparten un par de palabras y finalmente intercambian números telefónicos. Su nombre es Mateo, guarda el número y deja el chat, esperando que sea él quien escriba primero; tal vez ponerse ella de regalada. Finalmente, no escribe, pasa el tiempo y Camila se olvida de Mateo.

A los días, Camila necesita un favor de uno de sus primos que se llama Mateo; querido lector, ¿alguna vez no le ha sucedido que, por buscar a alguien con un nombre igual o similar en el chat, termina escribiendo a otra persona? Pues esto le pasó a Camila, cuando queriendo hacerle una consulta a su primo, se la hace al extranjero; nota algo raro en la foto de perfil, su primo está de espaldas y está sin pelo; «¿Te cortaste el pelo?»; él contesta: «Pues sí, me gusta así»; mmm, no sabía, siempre andas de sombrero y no te he visto últimamente; él contesta: «¿Sombrero?, ¡yo no uso sombrero!». «¡Cómo que no!, ¡siempre estás de sombrero!». Mmm, ¿con quién crees que hablas? Estas palabras hicieron reflexionar a Camila; primera recomendación, colocar apellidos a los nombres de tu teléfono, o por lo menos un sobrenombre, y para no colocar «Mateo Tinder», y en caso tal, de que suene el celular y alguien vea, no te hagan bullying; puedes poner «Mateo Tinderbek», algo así, que suene como apellido extranjero jajaja.

Cuando cae en cuenta, hace saber a Mateo que lo confundió con su primo, y él aprovecha para invitarla a un café, pero la verdad Camila no tiene muchos ánimos; pero como siempre, se deja influenciar por sus amigas Paulina y Francisca, que le dicen, ¡hágale! no pierde nada con ir a ver y tomarse un café; y con el «hágale» terminó yendo.

Al llegar no era lo que esperaba, estaba algo viejo, pero el tipo hablaba interesante; no sabemos decir si lo que decía era interesante, o si fue su acento lo que la hipnotizó; así fue como Camila siguió aceptando las invitaciones de su nuevo amigo.

Pasaron las semanas, y cuando menos pensó, llegó el beso y le gustó; ese mismo día él le pidió que fueran novios; Camila pensó, si no digo que sí, me quedo solterona; así que aceptó, sin antes conocer lo suficiente al nuevo prospecto; error que cometen muchas mujeres después de los treinta con el afán de que alguien las acepte, antes de que entren en periodo de expiración; lo que no saben es que entre más años, mejor se pone la cosa.

El noviazgo comenzó, no con el pie derecho sino izquierdo, ¿por qué? Cuando Camila le comentó que hacía meses planeaba irse a Curazao a visitar a un amigo de la universidad que vivía allá, que tenía el tiquete, y el viaje planeado desde mucho antes; Mateo sacó su lado dominante, y dijo: «No vas, y si vas esto se acaba!!». Ahahhaah Camila pensó, ¿Y eso por qué?, ¿a este qué le pasó?; oye, pero no me has oído, es un amigo de la universidad con el cual no tengo nada más que una amistad, no logro entender por qué a los hombres les cuesta tanto creer que las mujeres sí podemos tener amigos hombres y no necesariamente debe haber sexo de por medio. Mateo, a pesar de su nacionalidad, pensó así: amigo de la universidad igual a sexo. Camila, como tampoco es tan boba como parece, y también le gusta ser dominante; por algo estaba sola, característica que le cuesta aceptar a un gran porcentaje de hombres machistas, respondió: «Voy, así que tú verás!».

Hasta el último día él esperaba que ella dijera que no iba a ir, pero ella se fue!. Él dijo: bueno, miremos a ver qué es lo que pasa. Con tan mala fortuna para Camila que cuando llegó donde su amigo, este no tenía internet en la casa y ella no iba a pagar roaming para estar comunicándose con su nuevo novio, así que cuando podía conectarse en un restaurante, café o lugar público que compartiera wifi le escribía para calmarle los nervios a este hombre que moría de celos; lo cual hizo que los cuatro días que estuvo Camila en Curazao no fueran de disfrute sino de estrés de no poder comunicarse; tanto así, que su amigo de la universidad le dijo: «¿Tú estás segura de que quieres estar controlada de esa manera y sin vida por este personaje?», a lo que Camila, enojada por la intromisión de su amigo, contestó: ¡claro! Hay que entenderlo! (Tonta justificación).

Camila no escuchó a su amigo, y al llegar continuó con la relación; ella ya no sabía si eran novios, pues Mateo justificó estar muy enojado por su partida; su discurso era que él no estaba seguro de si seguir como novios o no; aunque seguían comportándose como tal, pero sin el título, ¡qué tal! Hizo gol del Extranjero 1 – 0, ganándole al local en el primer partido y no había desempate.

¿Qué siguió pasando? Pues él no desaprovechó la situación para decirle a Camila, «yo tengo amigas como tú y puedo salir con ellas», la diferencia entre él y ella era que el amigo de Camila había estudiado con ella y se conocían de un buen tiempo, las amigas del extranjero eran de Tinder, que según él, conocía para poder sacar su empresa independiente adelante; una era una abogada que le ayudaba con la constitución de la empresa, la otra era empresaria que requería de sus servicios en su empresa, etc., etc.; y así era el círculo de amigas, y sus invitaciones para trabajar o cerrar negocios, eran en buenos restaurantes de la ciudad, mientras que a Camila solo la invitaba a comer pollo a domicilio en el apartamento, porque qué pereza salir, ahí vamos 2 – 0, ganando el extranjero!!.

Camila aguantó, y todos sabemos que no necesariamente por amor, sino porque en medio de su bobada se sintió culpable de haber ido a Curazao donde un amigo, él decía: «ponte en mi lugar», y ella decía: «puede que tenga la razón».. gol del extranjero nuevamente, vamos 3 – 0; y esto se iba convirtiendo en una goleada, de gol tras gol; pero como dicen por ahí ganar o perder un partido, no significa ganar el campeonato, siempre está la revancha.

Un día, en el trabajo, Camila recibió una visita de clientes de Panamá, debía llevarlos a comer en la noche; el extranjero comenzó con su chateadera: «¿En verdad estás con clientes?, si es así, manda fotos, y ¿Dónde están?», con una interrogadera que incomodaba a Camila, como si estuviera haciendo algo malo; y déjeme decirle al querido lector, que el ladrón si juzga por su condición, fue tanto su reclamo por la visita de trabajo de Panamá, que puso a pensar a Camila sobre el futuro, no solo de su relación, sino de su trabajo; ¿hasta dónde te puede llevar una situación de estas?. Reflexionó y decidió hablar; al recoger a Mateo que le pidió el favor, pues estaba cenando con una nueva amiga de Tinder que le iba ayudar con la parte financiera de la empresa, ella le dijo: «yo no te he reclamado porque sales y haces lo que tienes que hacer en tu trabajo con tus Tinders, pero si te pido que respetes el mío que no lo son!»; lo anterior hizo que estallaran en una discusión, donde ninguno de los dos se escuchaba; Camila en el momento sintió que su cerebro se iluminó, y dijo: «¡Ok, no más! ¡Esto se acabó! ¡Gol del local y ganó el mundial!!!». Al salir, apagó el celular y no volvió a contestar llamadas ni mensajes de su Mateo, no saben el alivio que sintió, felicidad y tranquilidad absoluta.

La lección que nos queda: lo que comienza con el izquierdo desviado, se queda, no hay que gastar esfuerzos y energías esperando que las cosas mejoren, dando y dando oportunidades, dejando que las personas aprovechen esas debilidades para hacernos sentir culpables, al final es nuestra responsabilidad no dejar que eso suceda.

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