Voy a comenzar diciendo que no tiene nada de malo ser el niño de mamá; la dificultad realmente radica en la manera en la que desarrollen ese afecto, pues un hombre que ame a su madre y la respete será, en el futuro, un posible hombre que amará a su mujer e hijos. Pero, ¿Qué pasa si esto se convierte en un complejo de Edipo? Quienes tengan conocimientos sobre esto juzgarán según sus valores y crianza la historia que voy a contar.
Esta es la historia de Juanita, una mujer de 33 años, juvenil pero de mirada triste y desolada, a quien no le ha ido muy bien en el amor, cosa que hace que se apegue fácilmente a cualquier hombre que le demuestre el más mínimo afecto. Juanita tiene una muy buena amiga, Lorena, quien, viendo que no era muy afortunada en las relaciones, le presentó a su amigo Camilo.
Camilo es un hombre de 37 años, un excelente trabajador, quien dedica la mayor parte de su tiempo a su trabajo y los fines de semana a su madre, quien además es su vecina. Están juntos pero no revueltos. Cuando conoce a Juanita se siente atraído por ella y comienza a mostrar interés con constantes salidas a comer; Juanita, como ya había dicho anteriormente, cuando alguien le mostraba el más mínimo interés, a ella no le importaba si era gordo, flaco, alto o feo; pues no escogía por gustos físicos sino por sentirse amada. Inmediatamente vio que Camilo estaba interesado en ella e hizo que su mente, más que su corazón, creyera que él era la persona indicada, pero he ahí el error más grave.
Camilo no era un hombre agraciado, al contrario de Juanita, que tenía una cara linda y un cuerpo armonioso; pero él descubrió en ella su gran debilidad. Era una persona insegura y no se creía bella, por lo cual dedicaba muy poco tiempo a su aspecto físico. Eso le gustaba a él, pues entre menos se arreglara se vería poco interesante ante los demás. Además, su belleza era opacada por lo mal presentada que se veía. Siempre llevaba una cola alta, jeans anchos y camisetas holgadas, lo que ocultaba su hermoso cuerpo y espectacular cabellera. Todo esto lo sabía Camilo y le gustaba mantenerla opacada, pues si ella resaltaba, se podría ver más fácil lo feo que él era.
Este hombre comenzó a ver que sus amigas la animaban a arreglarse, lo cual no le gustó mucho. Una vez que ella se maquilló para él, lo único que le pudo decir fue: «¿Para qué te arreglas? ¡A mí me gustas natural!». Eso desencadenó una discusión, en la que como siempre, Juanita terminó herida, triste y pidiendo perdón por haberlo hecho enojar; mientras que él disfrutaba ver su triunfo. En otra ocasión le dijo que ella debía hacer un análisis de su vida, pues era una mujer hermosa de 33 años que aún no estaba casada, y eso se debía a algo que ella tenía, y se debía cuestionar. Era puro maltrato sicológico y ella se lo creyó, pensando que realmente no era una buena persona y por eso no había encontrado quién se casara con ella. Todo esto lo hacía para herirla y sentir su ego triunfante. Él no podía dejar que ella floreciera, pues si esto sucedía, posiblemente lo dejaría. Eso era algo que él no podía permitir, pues para él, ella era lo mejor que hasta la fecha había pasado en su vida, aunque nunca se lo dijo y con el tiempo quedó comprobado.
Pero el martirio de Juanita no termina ahí. Ella siempre había querido hacer algo diferente los fines de semana, pero él le decía que no era posible, pues ellos debían ir a comer a casa de su mamá; así que sus fines de semana se vieron reducidos a estar encerrada en la casa de su suegra, escuchándola hablar mal de sus empleados, de su ex esposo y de uno de sus hijos al cual consideraba un ingrato porque no la había vuelto a visitar. Pero era obvio, ¿Quién se quería llenar de esa energía tan negativa? Más adelante descubrió que era eso lo que mantenía alejado al hermano de Camilo de su madre, quien se había encargado por años de manipular a sus hijos con enfermedades para que permanecieran a su lado. Por eso Camilo era su vecino y estaba al constante servicio de ella.
Hasta que un día, su madre sí cayó realmente enferma y el diagnóstico no era esperanzador. Los médicos le daban poco tiempo de vida, tiempo el cual se pensaba que usaría para reflexionar y pasar mejor sus últimos días. Pero no, esto llevó a que Camilo viviera con ella todo el tiempo, y Juanita permaneció a su lado, pasando noches enteras en el hospital, cosa que nunca vio Camilo. Siempre la juzgó, le decía que ella no hacía nada que fuera suficiente ante esa situación. ¿Pero qué pretendía él? Él había renunciado a su trabajo (lo podía hacer pues tenía otros ingresos), pero Juanita no podía hacerlo. Ella amanecía en el hospital pero debía volver al trabajo, y él esperaba que ella se quedara ahí toda la noche, cuando sus jornadas eran largas y pesadas. Juanita, que ya no sabía cómo complacerlo, entendía que él estuviera mal por su mamá, pero él no debía desquitar en ella su dolor, y eso era lo que él hacía. En ocasiones le deseaba que ella estuviera en su lugar y Juanita solo lloraba, pensando que ella ya había perdido a un hermano cuando era muy joven y que hace 3 años había muerto su padre. Así que él no tenía por qué desearle el dolor de perder a un ser querido, cuando ella ya había vivido situaciones similares. Ella pensaba que no tenía por qué tratarla así, pues cada quien llevaba su duelo a su manera y el duelo de él era descargar su ira y frustración en ella.
Finalmente, Juanita, presa de la desesperación, realizó un curso de PNL; allí descubrió que su problema era ella, al permitir que siempre le pasaran por encima; por ser víctima y mártir, atrayendo personas como Camilo que se convertían en sus verdugos. Al final, Camilo tenía su propio karma y ella no era quien para juzgar su comportamiento como él había hecho con ella. Por lo tanto, con su dignidad hecha de hierro, terminó la relación, cosa que él nunca le perdonó, pues para él, ella lo abandonó cuando su madre estaba peor, y finalmente falleció. Ella mostró sus condolencias, pero en él solo se le veía ira y rencor, pues vio que ella floreció y lo único que hizo fue culparla de su desgracia. Pero para fortuna de Juanita, ella ya había sanado, perdonado y decidió seguir adelante.