Domingo de semana de puente. Francisca regresa tipo 1 pm de misa y una cuadra antes de llegar a su apartamento se encuentra con un tipo varado en una moto. Él se acerca amablemente y le pide el favor de que lo ayude porque se acaba de varar. El primer pensamiento de Francisca es: ¡Ni loca! Pero él insiste, y ella recuerda la parábola del buen samaritano. ¿Y cómo no, si acaba de salir de misa?
El personaje de la moto le pide que le sostenga al otro lado la palanca de donde se enciende. Inicialmente ella lo sostiene con el pie, pero el joven insiste en que se siente en el andén y la sostenga con la mano para que ella no se canse. Ella se sienta mientras él repara la moto al otro lado, y comienza la conversación por parte de él: «Oye, ¿Vienes de la ciclo vía?» Ella: «NO, vengo de misa.» Él: «Mmm, ¿a pues porque tienes un cuerpo muy bonito?» Ella responde: «Gracias», siempre cortante. Él insiste en hablar: «¿Vives por acá?, ¿Con quién?» Ella: «Vivo con mi esposo» (mentiras, más soltera no podía estar en esos días, pero es mejor no dar mayor información a desconocidos). Él insiste en preguntar qué hace, pero ella responde: «Te estás demorando, ¿Qué pasa?» Él dice: «Necesito un palito, la mano no me cabe en la parte que debo reparar.» Así que ella se para y comienza a buscar palitos debajo de los árboles. Coge uno, dos, pero él dice: «No, más pequeños.» Finalmente, cuando ella recoge uno, él dice: «Sí, ese», y ella se acerca para pasárselo y ¡Ooohhh, sorpresa!; el individuo se estaba masturbando; ella, impresionada y sin saber qué hacer o sentir, lo primero que grita es: «¡¡¡Cochino!!! ¿Qué estás haciendo ahí?» y sale corriendo en dirección al edificio sin mirar atrás, con la impresión de que el degenerado la va a alcanzar en algún momento. Al llegar aterrorizada, pálida, temblando y sin aire a la portería del edificio, le informa al portero lo sucedido, y este, al asomarse, ya no ve a nadie.
Francisca se pregunta: ¿Cuál es el aprendizaje? ¿No ayudar al prójimo en esta sociedad tan perversa? ¿O, como dicen otros, que la sacaste barata y pudo ser peor? ¿O como dicen los más bromistas de sus amigos: «Oye, ojalá a los hombres les saliera una vieja varada en el camino y nos enseñaran una, ya sabes qué jajaja»?