Este capítulo lo denominaremos «El Tinder», no requiere mayor presentación; para aquellos que lo desconocen, es un medio para hacer amigos, como expliqué en otro capítulo. Algunos lo utilizan para fines «alimenticios», otros para «negocios», pero su fin real es conocer amigos.
Lo primero que se requiere para ingresar a Tinder es actitud; no cualquiera sube sus fotos a una aplicación y comienza de la nada a conocer gente. Nadie quiere mostrar que está muy necesitado/a o solo/a; pero siendo honestos, hoy con el tema de la tecnología, en lugar de unirnos, nos ha desunido. Comenzamos a tener más relaciones de chat que físicas. Por eso, en ocasiones, es más fácil entrar en contacto con alguien por medio de una aplicación o página web que acercarse en un bar, café o incluso en la calle para decirle que le simpatizas y que quieres conocerlo/a, porque al final, si eso llegara a pasar, pensarías que es un loco/a que te quiere robar o echarte alucinógenos.
Al final, estos medios se convierten en la manera fácil, por así decirlo, «segura», de conocer gente. Además, puedes rechazar o aceptar gente sin sentirte avergonzado o sonrojado en caso de que la otra persona no simpatice contigo. Lo que yo llamo «relaciones desechables»; dices sí o no, y cuando es no, ¡dices NEXT que pase el siguiente! (sonó a Laura en América).
Tinder es una de esas aplicaciones que bajas en el celular y se sincroniza con tus fotos, edad y nombre de pila como aparece en Facebook. Pero lo mejor es que no te hace quedar mal en Facebook con tus amigos diciendo que tienes esta aplicación; eso lo hace un poco más privado y prudente.
Después de que haces una edición de tu perfil, es decir, escoges las fotos en las que mejor te ves porque, obvio, nadie va a poner la cara más fea o la pinta más loca para ser rechazado o burlado así no los conozcas, todos tenemos que seleccionar las mejores fotos con las que vamos a aparecer. Acá la primera impresión es visual, y es la que cuenta; esto ayuda a dar con la mayor cantidad de match. Cuando ya has colocado las mejores fotos y quizás escrito algo sobre ti: que te gusta pasear, leer, cine, escribir, qué sé yo, algo que llame la atención, te diriges a realizar un filtro de selección de rango de edad, preferencia sexual y rango de distancia desde el punto en que te encuentras. Al terminar de colocar tus preferencias, comienza el radar a buscar personas con ese perfil que estén cerca de ti para mostrar la foto de ellos. Al final, sale un ramillete de opciones donde comienzas a descartar o aceptar los que más te simpatizan; te salen las fotos de los posibles prospectos con su nombre de pila como aparece en Facebook, su edad, qué tan lejos está de ti y si escribieron algo sobre sus preferencias. En el perfil de cada persona que te aparece está un corazón o una X; si das corazón es porque te gustó, y si das X es porque no. Comienza el dichoso filtro. Lo importante es aclarar que las otras personas están en lo mismo que tú, pero nunca te enteras si te dieron X o corazón; solo en el caso de que ambos coincidan y den corazón, se genera un match. Cuando ya existe un match, pueden hablar en el chat; acá no te habla nadie que no quieras, solo con los que has compatibilizado. Al hablar, se hacen las mismas preguntas de filtro: «Hola, ¿Qué más?», «¿Qué haces?», etc., etc.