Amanda conoció esta aplicación de una forma algo simpática; después de haber terminado con el chiquidelicia, su dolor estomacal la llevó a tomar un aspecto demacrado. Todos pensaban que era la tuza, pero la verdad es que una gastroenteritis no deja a nadie muy bien de apariencia, que digamos.
Su jefe Mariana, al verla así, pensó que era parte de su despecho, y le dijo: «Amanda, deberías comenzar a conocer más gente; sal, ve al gimnasio, estudia un curso de cocina, en fin.» Pero todas las anteriores ya las había hecho sin tener ningún resultado. A lo que su jefe le contestó: «¿Sabes? Mi hijo Daniel tiene una novia divina, muy querida; la conoció por una aplicación del celular.» En ese momento Amanda soltó una carcajada pensando en lo loca que estaba su jefe al creer que ella iba a meterse a una aplicación para conocer gente; ella pensaba que era la manera más vergonzosa que podía existir. Tendría que estar muy desesperado para recurrir a ese recurso, a lo cual se negó. Pero Mariana no desistió, su jefe (típico de su forma de ser); y le comenzó a explicar lo fácil que era, que nunca se iba a delatar como ella pensaba.
Después de tan detallada explicación, Amanda quedó con la curiosidad de saber qué era y cómo funcionaba, a lo que recurrió a su amigo, que todo lo sabe, «GOOGLE»; consultó sobre la aplicación y no la vio tan mal, salvo porque en algunos países la usaban para tener sexo casual, pero en Colombia aún no estaba en esa onda. ¿Por qué no intentarlo? Conocía a Daniel, el hijo de su jefe, y sabía que era un chico bien y no se metería en algo de quinta.
Se lo comentó a su amiga Kenia y fue ahí donde, al contar hasta tres, ingresaron. La cantidad de personajes que empezaron a salir era impresionante, de todos los colores, razas, aspectos, posiciones, en fin; pero de 30 referidos, solo a uno le dio corazón; había más descartables que agradables. Así fue como su dedo en el celular se volvió experto en filtros; este no, no, no, no… y por ahí, un que otro sí; así pasó más o menos una hora y se fue a dormir; y efectivamente, al otro día de los 7 que había dicho sí, 5 habían coincidido con el match, y había una serie de conversaciones en las cuales veía las mismas preguntas; copiaba y pegaba para dar las mismas respuestas, nada original. Casi siempre comenzaban con un «Hola; ¿cómo estás?; ¿de dónde eres?; ¿dónde trabajas?; ¿estás soltera?; ¿tienes hijos?; ¿y eso?; ¿por qué una mujer tan linda sola?…En fin, todo tenía una respuesta, especialmente la última pregunta… ¡Pues hombre! dicen que por cada macho hay 6 hembras, y en Colombia, en un porcentaje alto son bonitas; no existe la relación de bonita y bruta, ¡no! ¡Bonitas e inteligentes hay cada vez más!, así que es más difícil, ya que el mercado está saturado de mujeres. Es más difícil conseguir pareja, sin agregar que Amanda, como la mayoría de las mujeres mayores de treinta, ya sabe lo que quiere, cómo lo quiere y dónde lo quiere; así que el filtro es más pequeño y el mercado no le ofrecía tanto; pero obvio, su respuesta no iba a ser esa, sino simplemente porque aún no ha llegado el adecuado; bueno, en parte eso también era una razón.