Todos tenemos una historia, y esa historia define quiénes somos. Es muy cierto que cada segundo vivido desde nuestra infancia determina nuestra personalidad. Con lo anterior, presento a Francisca, a quien desde la niñez le faltó un padre que le diera consejos y una madre que la acompañara. No era que no tuviera padres; claro que los tuvo, pero ambos vivían tan ocupados en sus diferentes labores que nunca estuvieron al tanto de ella. No le enseñaron a tener primero amor propio. Por eso, cuando fue creciendo, se enamoraba fácilmente y aguantaba cualquier tipo de situaciones con tal de que se quedaran a su lado.
En esta ocasión, conoció a José, un tipo elegante, el hombre que muchas desearían tener. A sus 33 años, ya era gerente de mercadeo a nivel Latinoamérica de una grandiosa compañía, por lo cual se podía dar grandes lujos. A diferencia de Francisca, que aunque era profesional, no contó con la suerte de estar empleada sino en una pequeña compañía que le pagaba lo suficiente para vivir.
Cuando ella se enamoró, él había terminado no hace mucho una relación tormentosa, o eso era lo que él aseguraba. Lo primero que le propuso a Francisca fue que se fueran a NY a pasar unas vacaciones. Francisca se emocionó, y aunque no tenía mucho dinero ahorrado porque su trabajo no se lo permitía, sacó un préstamo para poder ir, pues José, teniendo la plata, nunca dijo que le pagaba nada. Igual para ella era mejor no deberle nada a nadie. Siempre había sido independiente con sus gastos.
Desde que se montaron en el avión, Francisca notó que José siempre estaba en el chat escribiendo, lo cual al principio no le importó, pues quizás estaba dejando cosas de la oficina al día antes de irse. Pero a medida que pasó el tiempo, su manía de chatear y de irse a otro lugar a hablar por celular para que no lo escuchara fue mayor. Así que Francisca no aguantó y le preguntó qué estaba pasando. El tipo lo único que hizo fue enojarse por la pregunta y, en lugar de dar una respuesta, la dejó tirada en el hotel y no apareció en todo el día. Como dije al comienzo, Francisca, con tal de que la aceptaran, dejaba de ser ella para que el otro se sintiera bien. Así que cuando él regresó, ella le pidió perdón. Pero las cosas, en lugar de mejorar, fueron empeorando. Tanto así que él la regañaba por todo. Él sabía que ella no tenía mucho dinero, y sus planes siempre eran de ir a comer o gastar en los lugares más costosos, y cada quien pagaba su cuenta. Ella solo pensaba en el cupo de su tarjeta y lo que debía llegar a hacer para poder pagarla. Así que, en ocasiones, ella le expresaba que había planes que no podía hacer con él. Por ejemplo, irse de excéntricos a recorrer NY en helicóptero. Y él, en lugar de comprender, se enojaba y la dejaba sola. Ella ya sin entender qué pasaba, y sin poder disfrutar el viaje a NY, le preguntó qué era lo que le pasaba, y así fue como obtuvo la respuesta de lo que sucedía.
José, dos semanas antes de viajar a NY, se había visto con su ex, y esta le contó que estaba embarazada y tenía casi un mes de gestación. Se podrán imaginar lo que sintió Francisca cuando él le iba contando aquella historia que no tenía razón de ser, pues Francisca y él ya llevaban casi dos meses saliendo, lo que indicaba que él la había engañado con su ex, y además al parecer la había dejado en embarazo. ¿Y ahora qué iba a hacer en NY? Aún faltaban 3 días para que terminara el viaje y ella no se hallaba. No sabía qué pensar ni qué hacer, ni mucho menos qué decir. Ya lo quería y no deseaba perderlo. ¿Pero si la había engañado? ¿No era lógico dejarlo? Para ella no. Para ella, la mala era la madre del bebé que se había metido en su relación, y que posiblemente su intención era esa, la de quedar embarazada para amarrarlo a él.
Pobre Francisca. Si desde el comienzo sus padres la hubieran aconsejado, ella habría sabido qué es amor, apego o simplemente una ilusión. Pues aferrarse a amores que no son es lo peor que puede hacer una mujer, y ella amaba más a los demás que a ella misma. Así que lo perdonó para continuar su viaje sin darse cuenta de que realmente él no era para ella. Él ya liberado de su secreto, comenzó a hacer compras entusiasmado para su bebé y Francisca lo acompañó y ayudó. Sé lo que pensarán muchas: que boba, que ilusa, en fin. Pero sé que otras dirán: pobre, yo también fui así.
Finalmente, cuando regresaron del viaje era de imaginarse lo que pasó. José terminó con Francisca, pues quería darse la oportunidad de vivir con la mamá de su bebé y así disfrutarlo, pues él había perdido desde muy joven a los suyos, y no quería que su bebé naciera sin un padre. Esto destrozó el corazón de Francisca, pero no tuvo más opción.
Por eso, hay que recordar siempre quiénes somos, qué queremos y cómo nos amamos. No debemos dejar que los demás pasen por encima de nuestros valores y principios, dejándonos hacer lo que deseen con nosotros. Primero es el amor propio para comprender qué es amar y quién nos ama realmente.