Existen personas en el mundo de las que uno no sabe qué se les pasa por la mente, o simplemente, cuando hablan, no piensan, o se creen con el derecho de decirle cosas a las personas sin filtro, con el famoso dicho “es que soy muy sincera”. ¿Y desde cuándo ser sinceros se convirtió en la excusa para decirle a las personas cosas que pueden herirlas o simplemente bajarles aún más su autoestima?
Todos somos un mundo totalmente diferente, y lo que puedes decir como broma, chance, o simplemente creer que es parte de tu sinceridad, puede afectar al otro, que no necesariamente lo toma de la manera que lo deseas, pues su autoestima o situación mental puede estar pasando por un momento crucial. La verdad se puede decir sin necesidad de disfrazarla de mentira, pero para ello se requiere empatía y tacto.
Yo soy una persona que nunca en la vida me he creído bonita. Crecí en un hogar dentro de lo normal, pero con una madre que siempre intentó que no pusiera la belleza por encima de la inteligencia. Aun así, siempre me faltó mucha inteligencia emocional para aceptar las cosas y no tomarme nada personal; por eso, me dediqué a trabajar en mí. Fácil no ha sido el camino, pues en estos días pensaba: “qué duro es ser un ser de luz con tanta gente mala leche en el mundo”, pero me imagino que eso debe ser parte del proceso que debemos vivir para mejorar como seres humanos, aceptar nuestras imperfecciones, que quizás son el reflejo de los demás; o qué sé yo. Trato de no filosofar mucho porque entre más le busco explicaciones a las cosas, más me confundo, y más con el tema de las pruebas de Dios, donde se dice que “Dios le da las mejores batallas a sus mejores guerreros”. Ufff, eso me tiene cansada de batallar.
Hace un tiempo ingresé a un gimnasio; ya con mis cuarenta y tantos años, era justo y necesario, más por mi estado físico que estaba un poco deteriorado (dolores de rodilla, espalda y demás). También porque no quiero llegar a ser una mamá y abuela que no pueda caminar o jugar con sus hijos y nietos por falta de salud y energía. Un poco de vanidad también viene acompañada de ese querer verse bien, pero, ¿quién no desea poder ponerse un traje de baño de dos piezas y que se vea bien a los cuarenta años?
Al ingresar al gimnasio, había una joven que se veía que se esforzaba mucho por tener un cuerpo físico muy bien trabajado; eso no está mal. Pero cuando la gente se cree con derecho a opinar sobre tu físico y no es para nada positivo, destruye. No sin antes reconocer que si soy gorda y me dicen gorda, no me puedo ofender por serlo, pues lo primero que debo ver en mí es la aceptación, pero también hay maneras de expresar las cosas.
Esta joven comenzó con un simple comentario que al inicio no entendí. Me dijo: “Ayer solo vinimos las lindas”. Yo el día anterior no había ido, a lo que respondí con naturalidad: “ayer no vine yo”. Y ella respondió: “por eso mismo, solo vinimos las lindas”. Eso no dolió, pero sí me quedé pensando. Nunca me he creído la más linda, pero fea, fea no soy, jajaja. Igual, decidí no darle importancia a su comentario y continué con mi rutina.
A los pocos días, volvió a jugar. De la nada, esta joven, al ver que no podía levantar un peso, fue y lo tomó, y dijo: “es que solo las lindas podemos cargar este peso”. Por lo que me di cuenta de que nuevamente se refería a mí como no linda, pues yo no había podido y ella sí. Así, sucesivamente, siguieron una serie de comentarios que al final nunca respondí y dejé pasar. Para no sentirme incómoda, pues ya me parecía muy insistente con el tema de la fea y la linda, cambié de horario de rutina para no tener que incomodarme con ella y quizás ella conmigo.
Hoy me pregunto: ¿cuál era su necesidad de insistir en que ella era linda y yo no? Recalco que, para ella, no; pues, finalmente, he tenido mis parejas y hoy a mi esposo, supongo que a ellos sí les parecí linda y por eso han estado conmigo. Mi más reciente introspección fue: “quizás no era de su tipo, jajaja”, como para ponerle humor a la cosa. Pero sigo pensando en el poder de sus palabras pues algo calaron en mi. Por eso trabajo para ser más consciente de lo que soy y que un comentario como ese no me afecte. Hoy lo escribo porque sé que muchas personas son o han sido víctimas de comentarios malintencionados sobre su apariencia física, y quiero dejarles un mensaje tanto para la víctima como para el verdugo.
- Aceptación, si somos de una u otra manera; amarnos como somos, para los gustos, los colores. Y qué lindo saber que el mundo tiene una amplia gama de colores donde todos encajamos de diferentes y hermosas maneras.
- Si de ti no va a salir nada bonito o positivo para una persona, guárdate y ahórrate el comentario; el mundo está lleno de muchos idiotas para que te conviertas en uno más.
Somos más las luciérnagas que queremos brillar que los sapos de los cuales nos tenemos que cuidar, pues nos desean apagar.