Esta historia la llamo «El pobre niño rico»; por más millonario que sea, por más poder que tenga, hay cosas que el dinero no puede comprar, como la conciencia, el respeto, dormir sin preocuparse de quién me va a engañar o robar; porque tiene tanto dinero que cree que todo el mundo le quiere sacar provecho, pero todo es producto de su imaginación.
Es tan pobre que las personas que le rodean le tienen miedo, miedo de decir lo que no quiere escuchar. Por eso tiene a su lado personas que no son leales, que le dicen lo que quiere oír con el fin de no verlo enojar. Y él cree que ellos son sus amigos, sus leales compañeros. ¿Para qué quiere uno tener al lado a alguien que no es capaz de mirarte a los ojos para decirte la verdad?
Este niño rico no siempre fue rico. Su padre empezó desde abajo. Por lo general, cuando alguien no ha tenido dinero y lo tiene de la noche a la mañana en exceso, se le olvida de dónde viene. Y cuando para tenerlo no hizo mayor esfuerzo más que recibir cada mes la mesada de su padre, estudiar en los mejores colegios y universidades, pero no le enseñaron de la vida, no ha visto de cerca la necesidad, el hambre y la pobreza. Por eso anda con soberbia, y al heredar las compañías de su padre solo mira con desprecio a sus trabajadores, tratándolos de miserables, como si le debieran el hecho de estar ahí, sentados en un trabajo mal pagado, pero al final, es trabajo. Eso piensa él.
Y quizás así seguirá, pues su ego es tan grande que le falta hacerse llamar Dios, hasta que llegue el día en que la vida lo sorprenda. ¿Cómo? No sé cómo, pero la vida nunca es como queremos que sea, el karma nos acompaña, y no siempre es nuestro karma, este se hereda de las personas que más amamos, la familia, los hijos. Él piensa que la prioridad de las personas debe ser el trabajo y hace que sus trabajadores interpongan primero su trabajo antes que sus familias para estar llenando los bolsillos a otros, y ese otro es él.
Le encanta humillar, no dice las cosas con sutileza, piensa que es la manera correcta de decirlo, no mide sus palabras, y cree que todo lo que dice es porque tiene la razón. Pero ¿quién se atreve a confrontarlo? Nadie. Absolutamente nadie, pues en una sociedad tan sucia, el dinero en ocasiones permite que eso sea así. Pues el miedo no es solo de perder el trabajo, sino que con su influencia logre cerrar las puertas a otras posibilidades, pues puede hacer que tu nombre pierda valor.
Por eso, los invito a que eduquen a sus hijos primero con valores y entreguen un producto de calidad a la sociedad. Pues el dinero y el poder hoy pueden hacer mucho, pero al final, nada de eso nos llevamos a nuestras tumbas. Nada. Nadie te va a recordar por lo que tienes, sino por la huella que dejaste al caminar. Encontrarse con este tipo de seres no trae luz ni felicidad y pueden lograr hacer que las personas pierdan su autoestima