Cuando miro a la gente, no importa su aspecto físico, raza, religión, sexo o tendencia sexual, ni su estatus económico, profesión, idioma o cualquier otra cosa que pueda diferenciarlos de los demás; cuando los veo, veo en cada uno la búsqueda de eso que llamamos felicidad, que no podemos tocar pero sí podemos sentir. ¿Pero qué es exactamente la felicidad? ¿Es lo mismo para ti que para mí? ¿Será lo mismo para un budista que para un católico? Cada uno en su constante vivir está en la misma búsqueda.
Por eso hoy en día, en la sociedad, existen miles de páginas, cursos, diplomados y coaching que nos invitan a conocernos, a descubrirnos para dejar atrás y afrontar eso que nos atormenta y no nos deja avanzar, para enfrentar esos miedos y reconocer lo que sentimos, que nos guían a saber perdonar para sanar, a amar correctamente y diferenciar qué es amor y qué es apego. En fin, nos invitan a descubrir todo eso que buscamos y/o queremos cambiar continuamente para superar traumas o simplemente para ser cada día mejores. ¿Pero es eso suficiente? No digo que no lo sea; es el comienzo para mejorar como seres, pero todo lo anterior depende realmente de cada uno, porque si no eres consciente de lo que haces o lo que sientes, hoy lo puedes superar, pero al final, cada día es un despertar para mejorar y lograr esa paz que tanto buscamos. Es como cuando ibas al colegio y veías trigonometría; luego te graduabas y estudiabas en la universidad cualquier carrera que no tuviera matemáticas. Ese aprendizaje, por más que lo estudiaras en el colegio para pasar el examen final, se terminará olvidando con el tiempo porque no lo vuelves a poner en práctica. Solo aquello que llevas constantemente a la práctica y te gusta es lo que realmente no olvidas, por más que pase el tiempo.
Quiero aclarar que no estoy criticando estos cursos ni mucho menos. Como lo he dicho, es un primer paso importante que da el ser humano para alcanzar el cambio; pero también recuerda que todos los días se debe poner en práctica lo que aprendes para que se vuelva parte de tu ADN. Olvidar una clase es muy fácil a menos que te guste y lo hagas con pasión. Por eso vive la vida con esa misma pasión y contagia a quienes te rodean.
La vida es un constante aprendizaje, de lo bueno y de lo que consideramos no tan bueno, porque al final, todo son lecciones que debemos aprender. La manera en que asumas el reto hace que ganes o pierdas la materia y la debas volver a repetir.
En la generación de nuestros abuelos, e incluso en la de algunos de nuestros padres, buscar la felicidad no era una opción, pues las cosas eran como eran. En el caso de las mujeres, por lo general, se casaban con el hombre que sus padres consideraran digno de ellas. Algunas fueron rebeldes y lograron escapar de sus casas, y quizás sufrieron, pero lograron hablar de felicidad por haber hecho lo que ellas consideraban libertad. Por eso, en ese entonces, la felicidad no era una opción.
Hoy en día, por el contrario, tú eliges si ser o no ser feliz, con lo que consideras te da felicidad. Pero la felicidad no es otra cosa que estar en paz contigo mismo, con la vida, con el ambiente y con los demás seres. Creemos que la felicidad son cosas materiales: casas más grandes, sueldos más altos, prestigio, reconocimientos, dinero, en fin; y sí, no digo que no te ayude, claro que sí, pero lo que te darán por el momento son menos preocupaciones y quizás duermas mejor. Pero después de eso vienen más insatisfacciones: buscarás una casa más hermosa porque la que tienes ya no es suficiente, y la de tu vecino es mejor; vas a querer tener ese carro último modelo que salió, en fin, miles de cosas que más adelante te van a quitar nuevamente esa tranquilidad que pocas veces logramos apreciar.
Por eso, descúbrete, siéntete libre y tranquilo, respira, aprecia la vida que tienes, agradece y especialmente, disfruta de tu salud, de tu bienestar. Y cuando aprecies todo esto, sentirás eso en el pecho que hace que respires más profundo, que tu rostro se libere y salga una sonrisa, y dirás: esto es felicidad; esa felicidad que todos los días debemos alcanzar sin presionar, sintiéndola en el alma, en el cuerpo, en tu mente y en tu corazón. Una paz infinita contigo mismo y con el universo.