¿Alguna vez te has preguntado por qué se le llama trabajo? Es difícil entender que aquello en lo que dedicas más del 80% de tu tiempo en la vida se llame trabajo. Y no es que no quiera el trabajo. Si lo disfrutas, puede ser lo mejor en tu vida. Pero si solo estás en él para esperar el pago de cada mes y poder sentir aunque sea una gota de felicidad en medio de la amargura de estar en algo que no disfrutas, eso sí cuesta trabajo.
Hace poco escuché de los famosos gestores de la felicidad (GEFEZ). Porque cuando hablamos de jefes, en su mayoría, para no generalizar, no los vemos como esos famosos gestores, sino como aquellos que ganan 20 veces más que tú y hacen 20 veces menos, y fastidian 20 veces más.
Francisca trabaja en una empresa que maneja una hermosa filosofía en papel. Eso piensa ella y gran parte de sus compañeros de trabajo. Porque si esta fuera una realidad, sería el lugar ideal para trabajar. Pero las empresas no se hacen de filosofías de papel, se hacen con personas, y esas personas deben tener en su sistema ese ADN para que todo fluya correctamente. Pero ¿cómo puede ser esto posible? En eso lleva años pensando Francisca. ¿Qué puede hacer que le produzca felicidad? ¿Además, en la que pueda ser tan buena como lo es en su trabajo? Pues siempre sus jefes y compañeros le han tenido gran admiración por lo ágil en dar solución a los problemas. Pero lo que no saben muchos es que ella no se siente feliz. ¿Y por qué? Si hay algo difícil de manejar, es tener jefes mujeres (género femenino). Hay que defender el género, pero tampoco taparnos los ojos y no ver la realidad. Pues somos vulnerables y, para no dejar ver esa vulnerabilidad, cuando adquirimos rangos superiores nos convertimos en unas brujas. Y siempre la competencia es un tema del día a día. Aunque también hay que decir que somos mucho más organizadas que los hombres. Francisca en su vida profesional solo tuvo la fortuna de tener un jefe hombre y, de ahí en adelante, todas han sido mujeres.
La primera jefa mujer que tuvo era una mujer robusta. Llegaba todos los días en la mañana con un vaso de jugo para su famosa dieta, y cuando veía a Francisca comer algo no saludable, le decía: «¡Eso! Siga comiendo chucherías». (Termino usado para decirle porquería a la comida no saludable). Por eso es que esta tan flacuchenta. No sé por qué a las mujeres nos gusta insultar a otras por su peso. Las delgadas no siempre son felices siendo tan flacas, y si les dices flacuchenta, sienten lo mismo que puede llegar a sentir una mujer robusta a la que le digan gorda. Al final, Francisca solo callaba de la ira y trataba de entender que descargaba su complejo en ella.
En el actual trabajo, su jefa no tiene ese tipo de problema, pero está algo loca. Algunos se sentirán identificados con lo que voy a contar de Francisca, pues ya lo he escuchado de varios compañeros sobre sus jefes. Un ejemplo de esa situación fue cuando Francisca realizó la primera presentación con números y análisis para la junta de la compañía. La presentación quedó terminada a tiempo un día antes, se revisó y todo estaba correcto, quedó lista para el otro día a las 8 am. El mismo día de la presentación, recibe una llamada de su jefa a las 7:30 am para decirle: «!Francisca! Está mala TODA la presentación». Ella corre para revisar qué es TODO lo malo y mira y revisa nuevamente y no ve nada malo, los números y el análisis están correctos. ¿Qué pudo quedar mal si se revisó más de 20 veces la presentación el día anterior? Cuando llega su jefa después de hacerla correr con el corazón en la garganta, le dice: «Mira, es que en la diapositiva 3 tienes la letra tamaño 10 cuando la de la presentación es 11, y los colores de la gráfica 5 no me gustan porque debe ir de un degradado». En fin, todo es de forma más no de fondo. ¡Ahahhaa por Dios! Francisca casi muere del estrés en varias ocasiones hasta que descubrió que su jefa se fijaba más en el color de la gráfica y el tamaño del numerito que en el análisis y profundidad de la presentación. No digo que no tenga la misma importancia lo visual, pero para aquellos que son jefes, por favor, no acorten la edad de sus empleados. Ese tema de que TODO está mal media hora antes de la presentación hace que por lo menos 10 mil neuronas se quemen, acortándole la vida útil a su material más preciado, EL SER HUMANO. Y más aún cuando Francisca sabe que su jefa tiene mal gusto en los colores y dibujos para sus presentaciones, pero bueno, son sus presentaciones que las decore como ella quiera.
Al final, creo que por eso se llama trabajo, porque cuesta, aunque para algunos no es así. En toda empresa existen los famosos trepadores, y la empresa de Francisca no es la excepción. Hay empleados que les encanta ir detrás de sus jefes mostrando lo que ha realizado su equipo y ganándose méritos ajenos, otros generan los peores negocios con la más baja rentabilidad, nunca tienen nada a tiempo y a todo le sacan el cuerpo y están bien parados con su lambonería (personas que alaban a sus jefes y están todo el tiempo a servicio de ellos para quedar bien). Pero este es otro tema del blog, los compañeros del work.
Por eso concluyo que llamemos trabajo al trabajo si nos cuesta trabajo. Sino llamémoslo pasatiempo remunerado ☺. Dicen que mujer que no joda es hombre. Así pues, jefe que no joda, ¿qué será?