Muchas veces debemos comenzar a hacer renuncias para que de nosotros florezcan nuevas habilidades que teníamos escondidas. Esas habilidades con las que nacemos, pero que se van quedando en el olvido cuando entramos en un sistema que nos valora más por lo que hacemos que por lo que somos. Y por eso, comenzamos a desconectarnos de ese ser y sentimos que algo nos hace falta. Cuando ese llamado llega a nosotros, debemos escucharlo.
Esta es la historia de Lina, una de mis mejores amigas del colegio, una mujer maravillosa en todo sentido. Y no lo digo solo porque sea mi amiga, sino porque la he visto florecer en miles de procesos de su vida. En el colegio siempre la vi como una persona que se caracterizaba por ser callada y prudente, de esas que llaman introvertidas, pero la verdad, no son así, solo son personas analíticas y observadoras, que hablan poco, pero hacen más. Lastimosamente, estudiamos en un colegio que no daba la oportunidad de resaltar; siempre estaba enfrascado en las mismas cinco estudiantes a quienes llamaban líderes por ser buenas en todo, y rezagaban a aquellos con talentos escondidos. Para mí, Lina era ese diamante que necesitaba ser rescatado. Su manera de hablar pausada, que aún conserva a pesar de los afanes del mundo actual, la hacían ser escuchada entre sus amigas, con escritos profundos sobre la vida y el ser. Pero como muchos de nosotros, se inclinó en el mundo de la ingeniería. «Ser ingeniero y manejar los números es de inteligentes», eso se cree, y no lo pongo en duda, pero nos hemos olvidado de otros tipos de inteligencia.
Cuando Lina terminó la universidad, siendo además madre muy joven, se incorporó, por el afán de poder dar un mejor futuro a su hijo, en una empresa a la que le entregó todo su intelecto, conocimiento, pasión, en fin. Tan buena era Lina en lo que hacía, más la entrega por la empresa, que cuando su alma comenzó a hacer el llamado de parar, de hacer una pausa en su vida y seguir otro propósito, la empresa la frenaba, no la dejaban ir. Había otros proyectos, otros logros, otras metas para las cuales ella era la ideal; no podía dejarlos. Sin contar con el compromiso y agradecimiento que sentía Lina por la organización que le había dado todo en el sentido de crecimiento no solo profesional, sino económico. Así que Lina olvidaba su llamado y seguía inmersa en la organización. Por los lados, con el poco tiempo que disponía para ella, trabajaba en su proyecto personal, pero no lo suficiente; a duras penas le daba para tomarse un café o una copa de vino con sus amigas, lo digo yo que fui víctima de no hablar por meses o verla por largo tiempo, por la poca disponibilidad que tenía, pues su trabajo la absorbía. Cabe aclarar que Lina disfrutaba de lo que hacía, pero sentía que le hacía falta algo; su alma la llamaba a otro tipo de acción que no estaba en el mundo corporativo.
Pasaron años, experiencias, un segundo hijo, en fin; todo lo que le hace a uno decir: «El otro año sí», pero pasaba un año y el siguiente continúa como si el compromiso pasara a un segundo plano. Hasta que llegó el día que debía de llegar, el día en que fijó por fin una fecha, igual fecha que movió un par de veces por su líder que siempre le decía: «No me vayas a dejar así». Pero al final, supo poner un límite, no solo a la organización, sino a ella misma. Ese día casi no llega, pero llegó, y cuando llegó, no llegó como todos creen, así de fácil, ¡no! Llegó con miedo, con angustia, pero a la vez con algo que no se puede explicar sino hasta que se vive, pues al final, es una paz del alma pero una angustia de la mente que nos dice: «¿Y ahora de qué voy a vivir?». ¿Después de ganar tanto dinero, pasar a no recibir un ingreso fijo?. Pero aun así, con el apoyo de su familia y con la firmeza que caracteriza a Lina, siguió su proyecto, el cual había abandonado, pero sabía que la hacía sentir completa.
Hoy Lina es maestra Reiki y tiene su empresa de economía circular. Ha logrado finalizar los estudios y canalizar toda esa energía bonita que la ayuda a construir y reconstruir. Desde su experiencia, guía a otros a equilibrar su vida, a sentir paz, a que puedan conectarse con ese SER. Fácil no ha sido, pero sí reconfortante poder disfrutarse de una manera diferente la maternidad de su segundo hijo, pues lamenta no haber estado tan presente en el primero. En esa época ella solo HACÍA para subsistir como la mayoría de nosotros, pero olvidaba SER y escuchar su esencia; hoy ya lo hace con un proposito superior que es servir desde su SER.