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Yo conozco a una princesa que, más que princesa, era una bruja disfrazada; la sociedad ha generado tantos estándares que hay mujeres que se han tomado muy en serio el papel de la Barbie, pero no de la Barbie actual, que por lo menos ya la hace profesional, sino de la antigua, que solo estaba para ser atendida por Ken en su cajita de cristal, donde solo manda lo que deben hacer, pues si no lo hacen, te aseguro, no querrás verla enfurecer.

Esta es la historia de Lorena, una niña que se creía intocable e imprescindible. ¿Qué más se le podía pedir a la vida si su madre la había criado así? Lamentablemente, aunque quisiéramos, nuestros padres no están con nosotros para toda la vida, y a Lorena se le fue más pronto de lo que pensaba, así que se quedó sin quien la admirara, diera e hiciera todo lo que ella quería; hasta que conoció a Álvaro, un tipo no muy afortunado en el amor, pues sus anteriores novias no habían sido muy agraciadas. Y digo «no muy afortunado» porque él se fijaba más en el físico que en otra cosa; pero por suerte dio con Lorena, que no era fea. Su belleza y físico no le permitieron ver más allá de la persona con la que se metía, pues para él era una bendición y algo más que mostrar a sus amigos, pues era una mujer bonita que tenía como prioridad ir al gimnasio y de disfrutar de otros placeres de la vida. Aunque, si miramos atrás, eran el uno para el otro, pues ella buscaba a quien marraniar (término usado para describir a hombres que gastan en exceso en las mujeres, las llevan, las traen y hacen todo lo que les piden), y él, al encontrar una mujer a la cual mostrar en sus redes y amigos.

El tema no termina aquí, pues si ellos no perjudican a nadie, que se quieran solitos; el problema comenzó a raíz de que Lorena, al creer que debía ser el centro de atención de todo el mundo, se dio cuenta un día de que no lo era entre algunos integrantes de la familia de Álvaro, una familia que, por supuesto, era muy unida. Dos de los integrantes, Mauricio, el hermano mayor, y su prometida Lina, veían en Lorena a una niña caprichosa, demasiado intolerante y manipuladora, pero preferían no meterse en esa relación, pues veían a Álvaro preso de la payasada y dejaron que él tuviera su cuarto de hora con la princesa que quería mostrar. Pero, para desgracia de Lina y Mauricio, Lorena no toleraba ver la simpatía que tenía la familia hacia Álvaro y varios amigos en común por el hermano mayor Mauricio y su prometida Lina; así comenzaron las peleas entre Álvaro y Lorena. Inicialmente, estas eran porque Álvaro llegaba tarde a recogerla o porque no la podía acompañar en sus vueltas personales, o pequeñeces por el estilo; pero cuando tuvo la oportunidad, comenzó a amenazar a Álvaro diciéndole que si saludaba a su cuñada era un agravio para ella, y comenzó a generar enemistad también entre los hermanos. Tanto que Mauricio un día estalló y le dijo a Álvaro: «¿Sabes? ¿Será que tu novia algún día podrá hacer algo por ella misma?».

Lo anterior ofendió a Álvaro, poniendo en evidencia que su relación realmente no era tan bonita y soñada como él quería hacer ver, pero aún así, engañado por el encanto de la falsa princesa, comenzó a odiar a su cuñada Lina, quien sin saber ya tenía a dos personas que no la querían: su cuñado y la novia del mismo.

Lina, desesperada porque no quería que su compromiso se viera afectado, pues en alguna ocasión Álvaro la culpó de que su relación con Lorena estaba mal por ella, pues Lorena no soportaba ver que Mauricio y Lina eran felices mientras ella y Álvaro no lo eran. Además, estaba dividiendo a la familia al tener problemas con su hermano Mauricio. Lina, presa del amor por su prometido, pensó en qué podía hacer para evitar que la vanidad de Lorena y sus celos hicieran que todo lo que ella había construido con amor se fuera al carajo; así que analizó qué era lo que le faltaba a Lorena. Eso era amor propio, por eso decidió hacer lo que Lorena buscaba: aceptación, ser el centro de atención y quitárselo a Lina.

Lina dejó su orgullo a un lado y pensó en el amor por su pareja. Decidió comenzar a alabar a Lorena, ponerla en el pedestal que quería, ofreciéndole siempre un cálido y amable saludo, aunque por dentro sentía que no se merecía su aprecio. Así fue como hizo que Lorena se sintiera importante, dejara de pelear con Álvaro y dejara de echarle la culpa de que su relación no funcionaba. Todos sabemos que si algo no comienza bien, los principales actores de una relación son dos, es decir, la pareja. Debemos dejar de culpar a terceros de lo que nos pasa. Si algo no funciona, evalúa tus comportamientos y luego juzga el de los demás.

Lo bueno de la historia es que Lina y Mauricio descubrieron que a todos los amigos en común no les agradaba Lorena, pues todos percibían que era una relación de cartón, de esas en las cuales en las redes sociales ves a las parejas muy enamoradas, pero que en la vida real solo viven de apariencias. Así fue como Álvaro también se dio cuenta de que sus amigos no aceptaban de la misma manera a su novia y decidió terminar con ella.

La lección está muy clara: siempre nos conformamos con aparentar en relaciones que desde el principio evidencian que no van a funcionar, pero nos aferramos tanto a esto que lo que hacemos es culpar a los demás de nuestros errores y fallas, para justificar seguir ahí donde realmente no queremos estar, solo por aparentar. Y como dicen mis compañeras, algunos caballeros sí las prefieren brutas.

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